HISTORIA GENERAL DE LAS DROGAS

 

FENOMENOLOGÍA DE LAS DROGAS

Codeína
Posología
Efectos subjetivos

 

Esta sustancia se usó pronto como sedante, analgésico, antiespasmódico y remedio para la tos. Dichas virtudes caracterizan al opio y la morfina también, pero la codeína logró esquivar un severo control legal, y como consecuencia de ello es el derivado del opio más vendido por la industria farmacéutica.

 

Posología

Se diría que la codeína tiene poco parentesco con el opio y la morfina, y que por eso recibe un trato distinto de las leyes. En realidad, es como un hermano pobre, que en cantidades suficientes produce efectos poco discernibles de los suyos.

La dosis analgésica mínima ronda los 30 miligramos cada 5 horas, aunque como euforizante sólo sea eficaz a partir de los 80 o 100. La dosis mortal comienza a partir de los 20 miligramos por kilo de peso (algo menos de gramo y medio para una persona de 70 kilos), y -como en el caso de sus hermanos- se dispara con un colapso respiratorio.

Las consecuencias orgánicas son a grandes rasgos las de la morfina, calculando que la codeína posee poco más o menos un 12 por 100 de su actividad. La depresión generalizada (circulatoria, respiratoria, digestiva) ocurre a partir de dosis medias (100-140 miligramos), cuyo efecto dura seis o siete horas y termina en sueño algo después.

La codeína posee una tolerancia alta, y un usuario antiguo puede administrarse varios gramos diarios sin peligro, aunque cada nuevo aumento en la cantidad no se verá correspondido por un aumento proporcional en la sensación de apaciguamiento. Un gramo y medio o dos gramos diarios son el mínimo para estar expuesto a síndrome abstinencial.

 

Efectos subjetivos

Esta droga puede emplearse para casi todas las finalidades en las que se ha considerado tradicionalmente indicada la morfina, y los cientos de toneladas actualmente consumidos en el mundo cada año sugieren que, en efecto, se emplea como sustituto suyo. Eso no significa que sea más «sana»; un principio de economía y protección de los tejidos recomienda usar el fármaco más eficaz. Como la codeína es aún «decente», los laboratorios la incorporan a cientos de preparados distintos, y un número indeterminado de personas acaba consumiéndolos crónicamente, sin saber siquiera por qué.

Pero la política legal no sólo desorienta al usuario común, que se acerca a la codeína ocasionalmente. Los adeptos al uso crónico de opio o morfina -forzados a la abstinencia o a la frecuentación de círculos criminales, con precios altos y calidad misérrima- se acogerán a la intoxicación «decente» como mal menor. Mientras la morfina y el opio fueron fármacos de obtención libre, no se conoció en el mundo un solo caso de adicto a la codeína. En 1935, cuando acababa de restringirse la dispensación de opiáceos enérgicos, el Journal de la Asociación Médica canadiense calcula que hay varios millones de codeinómanos en el país; padecen síndromes abstinenciales truculentos, como individuos que -sometidos a reclusión psiquiátrica o penal- se perforaban las venas con imperdibles gruesos e introducían la solución con un cuentagotas por el agujero abierto. Apoyada en la hipocresía legislativa, la picaresca de los laboratorios termina haciendo que algunas partidas de codeína se vendan como relleno de heroína muy cortada en el mercado negro, multiplicadas por mil en precio.

A pesar de todo, esta droga se fabrica por cientos de toneladas, se vende sin receta y es un opiáceo; cualquier jarabe contiene al menos dos dosis medias (comparables a tres dosis leves de morfina). Con todo, el uso moderado fue y sigue siendo la regla. La mera presencia de una droga adictiva barata y accesible -incluso promocionada con falacias por sus fabricantes- no desemboca en trastornos sociales si falta una persecución. De hecho, veremos que lo mismo sucede con sustancias bastante más narcóticas.

 

BIBLIOGRAFÍA

ESCOHOTADO, A. Historia General de las Drogas. Pág. 1212-1213. Ed. Espasa, 2005

 

© Antonio Escohotado
http://www.escohotado.org



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