«Antonio Escohotado después de tantos años»

Antonio Escohotado

Trece años atrás, este periodista sin carrera de periodista tenía 28 años y el filósofo –sin carrera de filósofo, según leo en Wikipedia: sólo terminó Derecho– 61. Rolling Stone publicó una décima parte de esta entrevista considerando que las otras nueve eran prescindibles. Ahora cualquier medio lo consideraría así al margen de su contenido: en la mayoría de redacciones, cualquier texto que tenga un mes de vida, carece de valor. Sin embargo, como algunos de nosotros pensamos que gran parte del mal que nos aturde tiene que ver con la falta de perspectiva, la velocidad y la sobreinformación, y como es una pena que los medios acostumbren a forjar su labor sobre la elipsis de los trabajos ajenos, os dejamos esta charla que tuvo lugar en primavera de 2002, menos de un año después de que cayeran las torres gemelas. Él acababa de volver del trópico después de 60 semanas y perfilaba el texto de su aventura para Anagrama antes de ponerse manos a la obra con su monumental Historia moral de la propiedad, que aún está en proceso. Comprobamos con este material inédito cómo este hombre, que muchos quisimos ver como un padre –aunque él nos detestara como hijos–, calentaba motores antes de tocarle los cojones a gran parte de sus lectores habituales.

Hace unos días hablé con Antonio Escohotado por correo electrónico de mis intenciones de publicar en EEM la conversación completa que mantuvimos entonces. Él quiso echarle un vistazo a la antigualla y yo le envié el texto. Siendo él bastante crítico con aquellos que abjuran de cambiar de opinión por considerarlo una traición a sus principios, y considerando como considera la inteligencia algo maleable, fluido y en continuo cambio, he aprovechado para pedirle que matice lo dicho entonces, y también para hacerle alguna pregunta en torno al fenómeno Podemos, dos detalles que dotarán de vigencia a este refrito que en realidad nunca fue cocinado del todo. Reestructuro la entrevista entonces entre lo respondido en primavera de 2002 –y recién matizado– y lo respondido en este invierno de 2015.

En el barrio de Escohotado, muy cerca de la Gran Vía de Madrid, las putas miran la tarde sostenida mientras los niños se suben a los toboganes. No sé si es la norma, pero se han convocado en la plaza dos coches patrulla con nueve policías. Hablan con dos senegaleses. Un yonqui se ha acercado a ellos con un litro de cerveza embutido en una bolsa que alza como un trofeo: «¡No he bebido!», les grita sonriendo. Luego se sienta, prende un cigarrillo y echa algún trago furtivo. Escohotado vive cerca, en una casa llena de madera, una mujer joven y guapa, y una niña de tres años que camina por la casa ensayando el lenguaje que acaba de aprender y que reinventa a su manera. Antonio Escohotado llega después que yo, con dos cartones de tabaco y sin la horquilla para la guitarra española que necesita. Sirve cerveza y ofrece cigarrillos, menos a su hija Claudia, que se ha acercado a él para decirle algo con demasiada saliva y obtener un beso.

¿Te sientes identificado con Timothy Leary?

No. Leary fue más un hombre espectáculo. A mí también me ha tocado ser un poco hombre espectáculo, pero básicamente lo que he hecho son libros. Él hacía propaganda de la LSD, los hongos psilocibios, la mescalina... Fue un gran agitador, un revolucionario de la vertiente sesentayochista de los Estados Unidos, que no tiene nada que ver con el mayo del 68 francés.

¿Has probado 142 drogas?

Eso dicen, pero me alegro que me lo preguntes porque lo que quizá haya es 142 fármacos reseñados en Aprendiendo de las drogas. No son 142 drogas diferentes, y algunas no las probé, así es que no exageremos...

Pero en el libro hablas desde la experiencia de consumo en dosis crecientes.

Claro, pero neurolépticos menciono cinco o seis, de marca. Y sólo he probado uno, el haloperidol. A ojo de buen cubero, de las 142 si pones 50 vamos bien.

De todas ellas, ¿cuál te aleja más de la realidad?

He tomado muchas que te alejan de la realidad, o al menos que te llevan a una realidad aparte, como diría Castaneda. Por ejemplo la ketamina, lleva a unos terrenos de extrañeza profunda. Por eso es tan peligroso su uso en sitios como los afterhours. Es una substancia muy fuerte, y si no la tomas con alguien que te eche una mano puedes tener un tropezón y caerte, yo qué sé, a un pozo. Es muy incapacitante desde el punto de vista de nuestros reflejos. (Llega su hija Claudia, de tres años. Se acerca a Antonio y le da un beso.) «¡Me ha dado un beso! ¡Qué buena, que me ha dado un beso!» (Claudia va hacia su madre y le cuenta con una voz minúscula que le ha dado un beso). «Esta niña es una castigadora, suele negarse a los cariños...»

¿A qué se debe la fiebre del éxtasis?

A que es una droga extraordinaria para relacionarse y comunicarse sentimentalmente. Como todo, tiene su lado circunstancial, de moda. Lo que no entiendo –quizá porque ya soy un carroza– es que la droga más extraordinaria que se ha descubierto para sincerarse se tome con un fondo de música atronadora, en un ambiente de marcha destroyer que propende a la sobredosis, anulando los mejores efectos en beneficio de unos más anfetamínicos, más como si te metieras una gran raya de cocaína... ¿Por qué se toma así?, no lo sé. Ahora bien, se toma porque no había una droga comparable.

La llaman la droga del amor.

Sí, la llaman así, y tiene mucho sentido. También la han etiquetado como afrodisíaco, pero no es cierto porque retrasa o imposibilita el orgasmo, tanto el femenino como el masculino. No es nada genital pero sí tremendamente amorosa, gentil... una droga para ligar, no para follar.

¿Y cuál es la droga para follar?

Hay varias. El cáñamo tiene prestigios no infundados en esa materia porque presta sensaciones desacostumbradas, y quizá prolongue el orgasmo. Pero hay otras de la familia del éxtasis –descubiertas por Alexander Shulgin, el mismo químico que descubrió el éxtasis– capaces de provocar más orgasmos y más intensos, como la 2C-B. Y hay bastantes más, pero de qué sirve soltar nombres como bromodimetoxifenetilamina...

Y conseguir eso será difícil.

No creas. Se estuvo vendiendo en las smart shops holandesas hasta hace poco. España acaba de meterla en lista IV. Eso está muy bien. Si la 2C-B está allí significa que se puede producir y vender con receta. Ya es algo. Ten en cuenta que el éxtasis, la heroína o el cáñamo están en lista I, que agrupa drogas carentes –supuestamente– de uso médico, que no se pueden producir ni recetar, que están fuera del mercado. Voy a echarme una clara. ¿Quieres?

Sí. (Sirve cerveza). Si el cáñamo relaja y tranquiliza ¿por qué no se legaliza?

Desde que el señor Corcuera se inventara aquella inconstitucional ley, que por cierto sigue vigente, se han dado cuenta de que es una forma de saquear al personal con multas. Pero en España hay una legalización de facto.

¿Fumas a diario?

Muchos fuman coreográficamente, es decir, como se fuma tabaco. Eso lo hice en tiempos, pero ya no me gusta. Primero que no fumo hachís del moro hace más de quince años porque es un asco. Pero un poco antes de cenar o un poco después fumo un poco de marihuana. Para poder colocarme, porque si fumas a todas horas creas tolerancia y no puedes colocarte. Lo que manda el moro es básicamente polvo de cáñamo y henna con aceite de palma. Ya son muy malas las plantas que se cultivan en Ketama, y encima la elaboración es un fraude completo... Quien fuma eso solo puede quedarse aturdido, adormecido. Curiosamente, a parte de nuestra juventud le das hachís afgano o una buena hierba y reacciona con sensaciones de desagrado, porque fuma coreográficamente.

¿Qué piensas del cultivo hidropónico, con luz artificial y sistema de riego automático?

El error se paga mucho más caro que a cielo abierto. Una maceta de geranio puedes dejar de regarla unos días, y seguirá viva. Pero una planta hidropónica, si no la cuidas bien, si le pones un poco más de nitrógeno, de potasio o de fósforo se te muere en pocas horas... Como es alta tecnología, el rendimiento es mayor y también el riesgo de quemar la planta. Hay momentos en que crece diez centímetros diarios. Te sientas un par de horas delante de ella y ves cómo sube. Es prodigioso si usas la luz correcta, la semilla correcta y los nutrientes correctos... Será una marihuana superior a todo el hachís que hayas fumado. Y o bien la vendes o te la fumas. Los equipos son hoy baratos, en comparación con lo que costaban hace algunos años. Dones de la libre competencia.

¿Estamos peor que con Hipócrates, se han demonizado las drogas lo suficiente para no avanzar en la liberalización del consumo?

No te creas, en tiempos de Hipócrates había relativamente pocas substancias disponibles. Los griegos conocían sobre todo combinaciones, pero hoy hay muchas más. Es como desplazarte en carreta de bueyes o en un BMW: vas evidentemente mejor en el coche, si lo que quieres es ir rápido, sin ruido... El campo de las drogas psicoactivas es uno de los terrenos donde el progreso se ha manifestado de manera más visible. Quizá la prohibición no sea sino la primera asimilación del enorme arsenal de sustancias que la química de síntesis pone a disposición del ser humano.

¿Y la heroína, la gran droga tabú de la sociedad occidental?

Su efecto es muy sutil, y hay que tomarla 6 o 7 veces antes de orientarse. De buenas a primeras bien puedes no notar nada, o vomitar. En ese caso toca tumbarse un rato en alguna habitación sin luz ni ruido, porque si no lo haces persistirá mareo acompañado por dolor de cabeza, y basta estar inmóvil en esas condiciones para entrar en una agradable duermevela, donde sueñas despierto. El gran secreto del opio y sus derivados es reducir un tercio el ritmo cardiaco, digestivo y respiratorio, algo que se experimenta como plus de energía y serenidad, defendiendo de catarros y gripes por ejemplo También hay efectos secundarios como el estreñimiento, dada la ralentización del metabolismo, pero cualquier análisis desapasionado de estos analgésicos tropieza con el hecho de que a la heroína le tocó la china de gran monstruo, príncipe de las tinieblas...

¿Y eso que se dice de «coge tu mejor orgasmo, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca»?

Falso. Eso viene de Burroughs, es la mitología del yonki. La exageración nace del uso de los opiáceos a partir de la prohibición, que se consolida a finales de los años 30, cuando empiezan a consumirlo grandes intérpretes de jazz, o el mismo Burroughs. De ahí la fama de superorgásmica e irresistiblemente peligrosa... que toma el rábano por las hojas. Solo está claro es que es un extraordinario euforizante, y quizá la mejor droga para sobrellevar los achaques de la ancianidad.

Por eso William Burroughs seguía siendo yonki a los ochenta y tantos años.

Dicen que lo dejó al final, y que se hizo alcohólico... Luego oí que se mantuvo hasta el final en metadona.

Se tergiversó mucho lo que dijiste de Bin Laden en el Vagamundo.

Sí... Hace poco me mandó Quintero las tres entrevistas, y comprobé lo que dije: Bin Laden es un gran héroe en el sentido griego de la palabra, es decir, un protagonista. Salvo que se descubra que no tuvo nada que ver con los atentados de las Torres Gemelas, será uno de los grandes nombres de la historia contemporánea. Bastante más que George Bush, a quien se llevará el olvido como a tantos otros presidentes norteamericanos. El rapto de los cuatro aviones es tan misterioso todavía... pero sus autores ingresan con grandes letras en los anales, siendo sin duda gentuza, carniceros repugnantes. Macbeth marca la historia del teatro, sin dejar de ser un asesino. Por no hablar de Atila o Hitler.

Para mucha más gente de lo que parece es un héroe no solo por protagonista. Es difícil aceptar la prepotencia norteamericana en algunos casos.

Por supuesto, a los americanos convendría frenarles, para evitar que listillos como Cheney les conviertan en Al Capone del planeta entero. Eso no altera que sean el imperio más benévolo con mucho de los conocidos, a quien se detesta casi siempre por mezquindad. Bin Laden se propuso subvertir la situación en Arabia, que tiene un 27% de la producción de petróleo actual, cosa que se dice pronto, y es justo que lo haga con una familia real saudita que lleva un siglo matándose de puertas adentro, subvenciona el wahabismo como cualquier usufructuario de La Meca y se mueve en jumbos privados, dando propinas de mil dólares a aparcacoches mientras el nivel de vida de su país se estanca o empeora. Porque los sauditas –por no hablar de los iraníes, los iraquíes o los argelinos– no le ven el fruto a su petróleo como los noruegos, sin perjuicio de que la responsabilidad sea suya: no podemos ir nosotros a sacarles las castañas del fuego. Lo trágico del asunto es que Bin Laden no quiere subvertir esos regímenes para instaurar un reino de libertades y civismo, sino para retroceder al siglo XIII-XIV y el brote fundamentalista de Algazel que propone convertir al pensamiento en lacayo de la fe. ¿Qué buena salida tiene esa gente? Pues aparentemente ninguna. Porque quienes están masacrando a esos pueblos son sus oligarquías, no los americanos. Y ellos prefieren odiar a los americanos, que tan sólo rebañan un poco del plato, por no ponerse a liquidar a sus propios líderes y al barbárico anacronismo.

Estuviste en la cárcel cuatro veces.

Sí, todas por drogas. Dos veces por cultivo de marihuana y otras dos por tráfico de cocaína, aunque fuese por un mismo sumario. En un caso estuve de preventivo tres meses, que ya es una barbaridad tener a un tío de preventivo ese tiempo. Luego me condenaron a dos años y cumplí un año en el penal de Cuenca, donde lo pasé fenomenal. Lo recuerdo como uno de los puntos más altos de mi vida.

¿Qué año era?

El 89. Todo el 89. Desde diciembre del 88 hasta diciembre del 89. Cuando me dieron el segundo grado tampoco quería salir el fin de semana. Estaba encantado redactando Historia general de las drogas. Había entrado con dos maletas llenas de fichas. Encontré a un director que me concedió incomunicación para no tener que aguantar a nadie y poder escribir. Me dejaron entrar un pequeño ordenador y no hice otra cosa que leer y escribir. Era un pulso con la policía y la sociedad, y me gustaba ir ganando, aunque en otros planos me guste perder. Me he peleado físicamente tres veces y las tres me han zurrado. Eso parece más noble que lo contrario, porque «la derrota es botín de almas bien nacidas», en palabras del Quijote. Pero en Cuenca debía ganar. Lo que me pasó con la policía se llama hoy «delito provocado», y supone sobreseimiento para el metido en la trama de entrapment. Una semana después de mi sentencia, dictada por la Audiencia de Palma, la de Córdoba resolvió un caso calcado entendiendo que el animus delicti se suplantaba, y ese criterio es hoy nuestra doctrina legal. Pude haber recurrido la sentencia, y probablemente habría ganado, pero era la ocasión ideal para unas vacaciones humildes aunque pagadas, recibiendo la comida por debajo de la puerta, solo, sin salir al patio, escribiendo y leyendo. Algunos pensaban que había perdido la cabeza, pero yo sabía que por primera vez la tenía en su sitio.

¿Eres consciente de que, de alguna forma, eres el padre de una generación?

No sé de qué generación. Veo que hay gente joven que me hace caso... Doy una conferencia en Orense o Castellón de la Plana, y gente entre 18 y 25 años puede ser el 80 % del público, lo cual me responsabiliza y me hace decir, cojones, Antonio ¿qué está pasando? Cuando me puse a estudiar con mínimo detalle el tinglado económico, poco antes de escribir Caos y Orden, comprendí que defraudaría a la parte de esa juventud que espera simplismo ideológico, con recetas como más gasto social y un impuesto sobre las grandes fortunas. Los amigos más jóvenes dijeron: «¡Antonio, si te burlas de los antiglobales estás acabado!, ¡antiglobales son la mayoría de los que te leen!». Pues qué le vamos a hacer. No hay color si la elección es perder el respeto de algunos o enajenar el que uno se tiene.

Sí, había escuchado que estabas estudiando mucha economía y que te considerabas del lado del neoliberalismo.

Uff. Cuando no es un formalismo académico, la teoría económica estudia el nexo entre medios y fines, registrando aquellos casos donde una acción desemboca en resultados no pretendidos. Por ejemplo, Jesús se pregunta en cierto momento qué merito tendrá prestar cuando hay garantías de recobrar el crédito, aunque dicha actitud no es el medio idóneo para promover una financiación de la pequeña y mediana empresa; también Marx creyó que nacionalizar convierte al empleado en copropietario, aunque eso condenase a un poder adquisitivo permanentemente inferior al de los «esclavos del sueldo». El liberal se ciñe a los medios, evitando la arrogancia de mandar sobre procesos económicos hipercomplejos, porque –como dijo Bacon– solo nos acercamos a controlar la naturaleza obedeciéndola. Los usos mercantiles son frutos de una inteligencia tan impersonal como no caprichosa, y la historia enseña que los reiterados intentos de militarizar la economía sabotean cualquier esperanza de desahogo. No he conocido a nadie que sepa definir la diferencia entre neo y ultraliberal, pero quienes denuncian esos fantasmas bastante tienen con reponerse de un régimen que implosionó solito, tras devastar al mundo inaugurando su era totalitaria. A la posición razonable –el culto oficial de la libertad– deben llamarla pensamiento único, porque todavía no se enteraron de qué va la diferencia entre liberales.

¿Y de qué va?

Unos confían en las bondades de privatizar todo, y otros combinan libertad con instituciones como la seguridad social o los bancos centrales. Puedes optar por Keynes y por Hayek, el uno abrumadoramente seguido entre los años 40 y los 80, y el otro de entonces acá. Ambos son hombres sabios y pragmáticos, en las antípodas del demagogo analfabeto que sigue hablando de una teoría económica marxista. Hasta leer detenidamente El Capital no me di cuenta de que es lo contrario de una investigación: en vez de estudiar esto o lo otro, acumula miles de páginas al servicio de una idea fija, que finalmente es Monsieur Le Capital como forma atea de Satán. Tan genérico es su análisis del mundo industrializado que ni una sola vez menciona la palabra «empresario», porque todos los malos se concentran en la vaguedad del «capitalista». Siete décadas después de publicarlo el mayor país del planeta lo convierte en verdad revelada, suponiendo que el fabricante/inventor puede ser sustituido por gerentes de empresas nacionalizadas, y así le fue. Creerlo es un acto de fe y de grandiosa ignorancia.

¿Pero eso es un disparate hoy día, o ha sido un disparate siempre?

La industria a gran escala estaba empezando a instalarse cuando Marx lanzó su Manifiesto, gracias a instituciones como la propiedad intelectual, el papel moneda y el propio fabricante/inventor, cuyos planes de democratizar tal o cual artículo exigen créditos descomunales, y el disparate es insistir en el simplismo.

¿Pero no nos faltará perspectiva para entenderlo?, es decir, ¿no se tratará de que esa ciencia de la historia de Marx en la que el feudalismo sigue al esclavismo, el capitalismo al feudalismo y el socialismo al capitalismo...

Sí, algo que le enseñó Hegel, mi maestro inicial...

...va a concluirse más tarde de lo que se creía?

No es cierto que el derecho sea una superestructura y que las relaciones de producción sean la infraestructura. El derecho es la infraestructura del desarrollo. Pero el derecho, no la legislación, en el sentido del par de normas que señala Hume como permanentes y universales: Uno, que la propiedad ni se pierde ni se gana por violencia o fraude; dos, que los pactos se cumplen, y en caso contrario quien cumplió será indemnizado. Allí donde se cumplen estas dos reglas tienes un país rico. En otro caso pueden sobrar materias primas, territorios feraces y hasta algún genio, pero el país es pobre. Pongámonos a producir, almacenar y distribuir sin empresarios, montemos un mundo de empleados exclusivamente: la gigantesca burocracia y el mesiánico líder ligado a ese monstruo no evitarán que esa mano de obra llegue, se siente en su mesa o banco de taller y quiera cada año trabajar menos y cobrar más. La economía política no admite voluntarismos. ¡El mundo es más duro que una nuez! ¿Para qué beber si mearemos gran parte? Bueno, pues así está la cosa. Podría sonar más razonable no beber y no mear. Se impone una visión lo bastante compleja y realista del mundo. La glorificación de victimismo ya está en el Sermón de la Montaña –con aquello de poner primeros a los últimos– y es un discurso de resentimiento y guerra civil. Añádase la bobada de que el que el rico lo es porque roba al pobre, cuando en una sociedad industrial son los ricos quienes dan de comer a los pobres. ¿A quién roban Bill Gates o Henry Ford? Crean ingentes cantidades de empleo, ponen más barato lo que antes era más caro y esa utilidad que ofrecen la premia el cuerpo social comprando sus productos y haciéndoles ricos.

Sí, pero Bill Gates ahora va a comprar satélites para adueñarse de Internet, satélites que sólo se puede permitir él. Es como una especie de Doctor No, de Dios monopolizador. Y qué regulará los precios entonces, sino su voluntad.

Pues haces mal en pensar eso. Gates, o Ford, o el señor Birome, que descubrió el bolígrafo y fue el hombre más rico de la tierra durante un tiempo, o el noruego que descubrió el tetrabrik... Todos ellos son benefactores sociales. Cualquier inventor destacado que tenga mano para fabricar su hallazgo va a adquirir posiciones de monopolio. Pero ese monopolio dura poco. Le está pasando a Gates, le pasó a Ford y al señor Birome. Es absurdo confundir economía política con teología dogmática. Ya está bien de profesar la fe del cabrero cuando surge Internet. ¿Dónde hubo un sindicato rico dispuesto a subvencionar a otro sindicato pobre? Pasemos de los sermones a las investigaciones. San Agustín y San Marx nos dicen que es una maldad querer comprar barato y vender caro. ¿Dónde iremos comprando caro y vendiendo barato?

Pero tú una vez fuiste creyente.

Le perdí el respeto a la religión prontísimo, aunque me interesó mucho la filosofía de la religión. En el colegio me quisieron expulsar dos veces por monstruo blasfemo, con planes de meter sapos en el sagrario.

Yo me refería a otro tipo de credo. Al marxista.

Sí, pero porque había que atacar a Franco y la única facción que parecía capaz de hacerle daño era el PC. Efectivamente, me integré en una célula, repartía Nuestra Bandera y Mundo Obrero, iba a algunas manifestaciones a recibir porrazos... Pero desde el principio, aunque no hubiese estudiado economía, ya me parecía todo aquello de una tosquedad dantesca. A mis camaradas les parecía un «esteticista» y cuando empezaron las drogas, el sexo y el rock & roll me convertí en un decadente vicioso.

Entonces aquí acaba el proceso de la descripción y evolución de sociedades. El capitalismo es el punto de llegada.

Creí que tras la caída del Muro vendría algún periodo anodino, pero todo vuelve a calentarse y de fin de la historia nada. Iberoamérica es un polvorín, como Asia; África está desapareciendo desde el punto de vista de la población humana, y la situación en el mundo próspero se ha hecho más volátil en proporción al desarrollo de la ingeniería financiera, que miente cuando propone dominar el riesgo con algoritmos como el de Black y Scholes. Le dedico a eso un par de capítulos en Caos y orden. Como antes separamos Iglesia y Estado, procede ahora separar economía y clase política, porque ese contubernio es muy peligroso para la estabilidad del dinero. Van a pasar cosas, esperemos que no tan terribles como las del siglo XX.

Habría que hablar mucho...

Mogollón.

... estoy de acuerdo contigo, pero no puedo evitar hacer distinciones morales en función del progreso de los pueblos. Por ejemplo, muchos países musulmanes están anclados en medioevo (para entendernos con ojos occidentales) y hay cosas terribles como el burka...

La venta de las mujeres...

... sí, sí, pero a lo que me refiero es que el progreso, de alguna manera, obliga moralmente. Estados Unidos es el país más desarrollado, la capital del imperio y creo que es normal que se le exija más responsabilidad. Si vemos cómo estaba occidente en la época medieval...

Pues quemando brujas...

... pues por eso, estábamos como ellos ahora. Es como si occidente tuviese la obligación moral de la edad, es el hermano mayor que ya ha pasado por la pubertad (ha tenido su Ilustración) y no puede responder nunca con las mismas armas que el adolescente. Y lo hace. Y por eso, aunque el grado de estupidez o de barbarie sea menor, parece más reprochable.

Por una parte que no se inmiscuya, por otra, que lo haga con serena ecuanimidad. Eso manda la pelota al tejado ajeno. A Occidente le costó cinco siglos de sangre, sudor y lágrimas, con tesituras tan patéticas como España queriendo aplastar a los Países Bajos durante ochenta años, cuando eran el único foco de industria, ciencia y libertades. Las zonas atrasadas deben salir de ello por sí mismas, probablemente aprovechando el aprendizaje de sus emigrantes. Y, por supuesto, no toleraremos que vengan a nuestros territorios con costumbres como cortarles el clítoris a sus hijas o lesionar a sus esposas. Podemos y debemos exigir reciprocidad, que en su tierra nos toleren como nosotros a ellos en la nuestra. Do ut des, la regla romana, significa «doy para que des, doy porque diste».

Para ti el mal de la sociedad reside en la falta de entusiasmo.

Más bien es el mal de los intelectuales, que finalmente representan a gentuza como inquisidores o comisarios del pueblo, da igual que sean leninistas o nazis, velando por la pureza ideológica de grupos y personas... La sociedad que dejó de creer en los obispos comenzó a creer en los intelectuales que aún tenían cierta talla, como Sartre. Pero hoy hemos llegado a intelectuales tipo Baudrillard, por ejemplo, y los que seguirán, de pensamiento débil, posmodernos, pajilleros mentales que protestan y protestan básicamente porque les hacen menos caso cada vez. Se extinguirán, y me alegro. No son científicos, ni exploradores, ni aventureros, ni vividores. Son simplemente dogmáticos vestidos de no dogmáticos.

He leído que para ti uno de los problemas de esta sociedad es que dice sí a la tradición y sí a la vanguardia.

No puedo haber dicho eso, porque pienso que todo el trabajo del pensamiento –que es el de la ciencia– es en poder decir sí a lo que nuestros antecesores afirmaron con fundamento, y sí a todo aquello que, por prejuicio, ignorancia o debilidad dijeron no.

Creo que recordar que el énfasis estaba en la incondicionalidad de los síes. En la falta de criterio.

Creo que la obra del espíritu es conseguir que el sí se amplíe. O lo has leído mal o estaba mal escrito. Cuando se integran tradición y vanguardia la tradición deja de ser un tópico rancio, y la vanguardia deja de ser una especie de banderita relamida. Se engranará la voluntad de seguir adelante –la evolución– con la realidad inmediata.

¿Qué piensas de lo de Racionero?

No me parece una acusación de plagio que haya una coincidencia de título con otro libro.

¿Y lo del Nobel de Garzón?

¿Nobel de Garzón?, pues no lo sabía... De la paz, imagino. Me cae bien Garzón, salvo cuando se pone pantalón corto y botas para jugar el partido anual antidroga. El Nobel de literatura está tan desprestigiado que hoy por hoy es casi ofensivo recibirlo. Hubo cinco escritores magistrales por encima de todos, que se quedaron curiosamente sin premio: Proust, Kafka, Joyce, Borges y Jünger. Es un poco como esos programas de pseudodebate y gallinero en la tele, donde tantos chillan para tomar la palabra y no soltarla. Algunos solo van cobrando, y otros pondrán dinero de su bolsillo por aparecer. En mi caso, cierto cóctel de hormonas llevó a perder más tiempo del debido vengando la represión sexual, pero nunca dejó de ser prioritario estudiar esto o lo otro. Luego aparecieron las drogas para añadirle pimienta al plato. No firmo vivir cien años, ni tengo aguante para soportar una vida mala. De hecho, voy renovando el botiquín de venenos elegantes para no mendigar un rato más de mal rato cuando llegue, porque hasta ahora la salud y el ánimo me preservaron de humillaciones. Creo que lo más sano fue amar el contacto de primera mano con las cosas, y preferir investigarlas a enjuiciarlas. Como de cerca nunca son lo que parecen de lejos, estudiar lleva a cambiar continuamente de idea, descubriendo qué equivocado andaba uno.

Dicen que antes de los treinta años hay grandes matemáticos y poetas. Y que a partir de los treinta surgen los grandes novelistas y filósofos.

Lógico, porque los matemáticos –y los poetas hasta cierto punto también– están tratando con elementos y substancias simples. Pero la novela o la filosofía, las ciencias humanas, tratan con substancias complejas. Y esa complejidad es el resultado de la acumulación de estratos temporales. Antes tenía más memoria y capacidad estructurante, pero no tenía capacidad para ver lo uno, lo otro y lo demás, como dijo Platón. Lo demás viene con la edad. Antes estás en la elementalidad de lo uno o lo otro, o uno o cero, como en los sistemas binarios. Para captar el matiz es necesario ser como el búho, que solo despliega sus alas al caer la tarde. Metido en este barrio urbano de mala muerte, para multiplicar el espacio doméstico duermo cuando los demás se mueven y despierto poco antes de que se vayan a dormir. Así tengo tiempo para leer, pensar o tocarme las narices.

A mí me ocurre algo parecido, prefiero la noche, pero todo el mundo me habla de los biorritmos y de que es mejor vivir de día.

Sí, pero eso es cuestión de creértelo o no creértelo. ¿Tú estás casado?

No.

¿Y vives solo o con alguien?

Solo.

Entonces es muy distinto. Si vives con alguien y sobre todo con niños, hay tal algarabía que debes protegerte. Podría hacerlo al revés, levantarme a las cuatro de la mañana y trabajar hasta que se levantaran los demás... Tengo seis hijos y todos salvo uno se han criado a mi alrededor, de modo que he tenido que inventar métodos para sobrevivir: antifaces, tapones de cera, pastillas para dormir cuando se ponen pesados...

Llega su mujer con su hija de la calle. Le explica a Antonio que ha sido tan mala que donde han estado le han pedido que vuelva otro día sin la niña. Claudia, de tres años, habla desde otra habitación con frases que salen distorsionadas de su boca y que se distorsionan aún más por el pasillo. Antonio Escohotado escucha y le responde: «Pégale. Pégale dos hostias». Pero no parece importarle demasiado, la llama con vehemencia para regañarle y cuando Claudia acepta escucharle, Escohotado la abraza y deja que le ponga una toalla en la cabeza mientras le explica cosas que solo ella es capaz de comprender.

Invierno de 2015

Como liberal convencido en este siglo de pensamiento único, ¿crees que estamos en un momento fértil para que proliferen las utopías?

Hay que acordarse de Ortega y La rebelión de las masas: que la sociedad-masa es el producto de una bonanza económica, donde a la tecnificación se añade un progreso sustancial en igualdad jurídica, es decir, en que ya no hay castas y las clases sociales son posiciones totalmente móviles. En esa sociedad bendecida por ambas cosas surgen individuos y grupos menos diferenciados que antes, y caprichosos de alguna manera, como corresponde ser a los niños mimados de la historia. No se trata de condiciones materiales sino de «actitud», en este caso una personalidad que ha perdido el eje interno: el deber es para ella una necesidad que acosa desde fuera, de la cual intenta librarse cultivando utopías, «ese pontificar sobre todas partes desde ninguna». Ortega ve en ello no solo memez sino inmoralidad, porque la utopía niega lo que el mundo físico tiene de profundidad insondable, de sorpresa y de pormenor, optando por exigirle en vez de exigirse. Para cambiar una realidad inadecuada lo más insensato es agravarla imponiendo esquemas maniqueos, tras de los cuales late siempre la misma depuración eugenésica. La eugenesia es siempre genocida.

¿Qué te parece lo de Podemos?

Habrá que darles cuerda, como dicen los chinos, y ver qué hacen con ella, pues el contubernio llamado Estado autonómico les ha puesto las cosas a huevo. Salvo el millón o millón y medio de nomenklatura, el país está tan profundamente indignado, que bien se puede llevar un buen mordisco electoral, y vendrá bien cualquier zurra a esa pandilla, que por lo demás –aquí y en todos los países donde la moralidad sigue siendo cutánea– es el peaje pagado por la democracia. A principios de los noventa me granjeé críticas con artículos sobre el Gal y el latrocinio contemporáneo del Quinto Centenario, y salvo error, estos señores sacaron de ahí su idea de la «casta». Me escandalizaba entonces que el servicio público hubiese pasado tan rápidamente de obligación a profesión, y encima una profesión transmitida de padres a hijos. El final de la servidumbre coincidió con el fin de las castas o estamentos, gracias a las cuales conocer la familia de cada individuo permitía pronosticar su rango social. Esa ley de la cuna fue lo abolido al pasar de las sociedades estamentales a las clasistas, donde todos subimos o bajamos continuamente en ingresos y consideración. La incoherencia llamada sociedad sin clases es una sociedad inmóvil, coagulada porque así lo manda algún putsch orquestado por pobres de espíritu, y no es casualidad que esas llamadas democracias populares se conviertan en monarquías como las instaladas en Cuba, Corea del norte o Venezuela, presididas por un redentor ateo elevado a los altares. El comunismo es el gobierno conservador por excelencia, y España un país afecto al esquema cliente-cacique, sembrado de capillas mafiosas, como todos aquellos donde la ética profesional no desahució al espectro del trabajo como maldición. Esa mezcla de paletería y barbarie sigue llamando a exigir del prójimo cosas que cada cual no se exige a sí mismo, como por ejemplo comprar y vender en B.

¿Consideras a Pablo Iglesias un ejemplo de esos “hombres débiles nacidos al amparo de la bonanza económica y la igualdad jurídica, que rechazan el deber y abrazan utopías”?

Excelente definición momentánea. Habrá sin duda oportunidad de confirmarla o descartarla.

¿A quién vas a votar?

Votaré a Ciutadans, que ahora se llama Movimiento Ciudadano. Su líder empieza teniendo un excelente inglés, condición curiosamente omitida por todos los primeros mandatarios españoles desde Franco, aunque cumplida también por Sánchez y Aguirre.

Para muchos de nosotros el modo en que se ha gestado esta crisis nos hace ver este sistema como algo despiadado. Los mismos bancos que vendieron la basura financiera que hizo quebrar a sus inversores e inició la bola de nieve que debilitó las economías fueron los que luego hicieron préstamos a los gobiernos con la condición de recortar el gasto social y los salarios, asegurándose así de que se les devolvía «su» dinero. ¿Es esa la prueba de que el capitalismo funciona?

Dos capítulos de Caos y orden se dedican a la ingeniería financiera, examinando el ejemplo de LTCM [Long-Term Capital Management, fondo de inversión libre de carácter especulativo cuyas millonarias pérdidas hicieron intervenir a la Reserva Federal de los Estados Unidos en 1998] como agujero negro derivado de pretender que es posible obtener los frutos del riesgo sin arriesgar. Esto, que en teoría es poco coherente, resulta refutado en la práctica por algunos herederos de LTCM; pero sería banal imaginar que dicho cebo desaparecerá por el fracaso, pues no solo tropezamos a menudo con la misma piedra. Mientras haya accionistas dispuestos a cambiar de Ceo por un desaprensivo que promete dividendos espectacularmente superiores, y mientras haya aspirantes a domar matemáticamente el riesgo, el esquema recurrirá. Lo pertinente es saber –y podemos averiguarlo sin sombra de duda– si lo que Greenspan llama era de la exuberancia irracional ha supuesto en la última década un retroceso en la renta global, nacional y per cápita.

El otro día te vi en Youtube, en una conferencia que diste recientemente. Me consta que sigues consumiendo drogas y parece que envejeces bastante bien. Supongo que aún no te has puesto en serio con la heroína. ¿Lo harás?

Llevo un diario minucioso sobre dieta farmacológica y otras intimidades desde 1984. Si lo publicara en vida sería no solo impúdico sino un serio estímulo para que una turba gris incendiase nuestra casa. Pero el texto sorprenderá, informará y dará de sobra para que mi descendencia mejore su poder adquisitivo algún tiempo. No me puedo quejar para nada de los resultados hasta ahora, y cuando venga lo inevitable me iré sin haber pasado por análisis y hospitales, tras dos décadas sin una febrícula o un catarro, gripes, depresiones o siquiera desfallecimientos. Hipócrates, Galeno y Sydenham tenían razón en su criterio sobre el opio como tónico insuperado hasta hoy. Naturalmente, requiere mesura y elegancia –amor propio– para rendir sus dones, machacando al tragón ansioso, que ya acelerará su fin olvidando la carga impuesta al aparato digestivo, y peleándose con la hermana gravedad en cada tramo de escalones. Los ricos de espíritu se conseguirán para el resto del camino un botiquín de eutanásicos dulces, asegurándose lo que el antiguo llamaba mors tempestiva, oportuna. Y mientras tanto a vivir, dando rienda suelta al deber/placer del conocimiento.

 


NOTA

1 1 Entrevista realizada por Antonio Pomet y publicada en el diario "El estado mental"


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